jueves, 10 de julio de 2008

Lejos del Sonido

Necesitaba el espacio solitario que enmudeciera al mundo, y cediera a la melodía de los poetas, los artistas y los iluminados; una iluminación más tímida y misteriosa que ocultara ciertos objetos que no es preciso ver y que todo se fundiera en un estilo como consecuencia de la falta de nitidez; un lugar exento de la putrefacta humedad y los olores vulgares, absorto de las realidades que no dan espacio a controvertidas historias y que son maleza de baldío; lograr el olvido de los problemas pequeños que desembocan en el hastío y nadar en aquellos existenciales que tan sólo podrían llevarlo a la tormenta, las llamas, la demencia o el suicidio.
Las insoportables llaves girando en los cerrojos, abriendo y cerrando el paso de los indeseables y de la mismísima perturbación encarnada. El chirrido de esa cadena de baño que cumple con su deber, expulsando a la suciedad hacia remotos escondites, aquellos a los que en la oscuridad de su alma a veces deseaba estar. Y sobre las notas que él intenta utilizar como transportador hacia una majestuosidad inhóspita, otras notas, otras que lo atan sin remedio a un mundo ridículamente coloreado, un mundo fuera de las manos de su creador, de su primer dueño. Cuando ya no lo soporta, y se encuentra con las manos en su cabeza, desgastada su mente y su paciencia, promete modelar el espacio que le produzca sensaciones semejantes a la de aquel lugar que aparece tanto en sus sueños más deliciosos como en sus pesadillas más pervertidas, y que cada mañana cuando abre sus ojos, le hacen desear no soltar la soga atada a aquel árbol de ramas retorcidas formando caracoles y que nacen a los costados de los senderos de las vidas oníricas. Alguien como él debería poder reclutarse en lo absoluto del silencio y encender los motores de creación, visitar los cielos y los inframundos que se amontonan en su cabeza atiborrada de recuerdos e imágenes. Pero sabe y se dice a sí mismo que su voluntad no es tan endeble como su genio, y que sus piernas y su boca no son tan intrépidas como la labia que articula para sus adentros y lo lleva a escribir en versos endecasílabos y rima asonante. Entonces vuelve a caer en una trampa sin defectos que pareciera estar cronometrada y es la más precisa en sonar y destruir cada uno de sus castillos de naipes. En un caluroso domingo, al que pareció faltarle la seductora y fresca noche, llegó la pesadumbre de una siesta decidida a corroer el buen ánimo de quien no se atreviera a abandonarse a las camas hirvientes y a los ronquidos sin historias por detrás. Su madre deliraba, su padre fanfarroneaba, su hermano sobraba. Todos peleaban. El timbre sonaba fuera de ritmo, la radio cantaba con aullidos punzantes, los cerrojos giraban pero nadie entraba ni salía, los perros en patios entre lejanos y vecinos le ladraban a nadie, y un demoníaco afilador de cuchillos babeaba su sicus con soplidos interminables. Su corazón pareció entonar un Re y dio un gran alarido, suplicando el cese de las hostilidades sonoras, sabiendo que no serviría para nada más que ser incluido en la sarta de reproches que volaban sin control golpeando a cualquiera de los presentes. Su impulso fue desbaratado, pero había actuado con pasión y no creía que eso pudiera estar mal en ciertas y contadas situaciones. Dejaría la pieza que compartía con su hermano, y haría todo lo necesario para acondicionar la pequeña habitación situada al final del selvático patio que le deba un punto final a aquella casa. Con seguridad le llevaría más tiempo del que vislumbraba en ese momento, estando ciego de emoción y de un compromiso férreo. Era lo más alejado a lo que él llamaba su "tipo de hábitat natural", pero pondría sus monedas, sus horas y su sudor en la tarea. Y así fue.Después de seis horas enseñando departamentos de segunda categoría a miradas desinteresadas que no dejaban de repetir que se sentían engañados por el aviso del diario, volvía en los destartalados colectivos con un almuerzo de pocos bocados entre sus manos, para llegar a aquella pieza del fondo que cada vez olía más a libros. Desterraría de sus hábitos a la ciclotímica computadora para siempre, y se refugiaría en la fiel máquina de escribir.
Y un día común y corriente, en una fecha cualquiera, todo estaba dispuesto para el encarcelamiento placentero; un lugar que fuera el incentivo para superar las jornadas laborales que transitaba como un muerto vivo; sería aquel seno para fantasías eternas y encarnizadas. Tanto recorrió allí dentro que el olvido fue recíproco, él purgó de sus venas el calor ficticio de la realidad, y el mundo que olvida pocas cosas, lo borró de sus anales. Se volvieron dos niños rencorosos, enemistados por sus abrumadoras diferencias y en poco tiempo fue notorio que jamás habría una reconciliación factible. Ese lazo de luz y sonido que los había unido por veinticuatro años padecía un desvanecimiento progresivo. Convencido de que era todo lo que quería, terminó con las últimas ideas que lo conectaban a lo mundano.
No transcurrió ni siquiera un segundo hasta que sus ideas se desplomaron a sus pies. Estaban muertas. Su cabeza en blanco. No había fantasía sin realidad, ni silencio sin sonido, ni oscuridad sin luz.

2008.

3 comentarios:

virginia dijo...

No hace falta que haya sonido cuando las palabras caen, aplastan y hacen una explosión nucler sin destruir nada.. Sólo enriquecen las miradas de aquellos que te leen en una pantalla que titila parpadeante de luz..
Y yo vine. Te encontré. Y te leí.
Extenso, pero llevadero...
Magnifico, simple pero abstracto.
Te felicito!
Dejo besos.
^^

Anónimo dijo...

Hola Igna, soy Agus amiga de Vero, que por cierto me paso tu blog porque sabe cuanto valoro la literatura y mas todavia si es buena como esta.
te felicito por lo q escribis y me alegro q Vero me haya hecho caso con "Todos los fuegos el fuego" del maestro. Lee El otro cielo, pedazo de cuento si los hay.
Saludoss.

Anónimo dijo...

igna te felicitoooo, no soy muy entendida en la literatura pero disfrute mucho leyendo tus cuentos y poesia, espero q haya mas p leer!!! y dale adelante por q lo haces muy bien!!!
te quiero amigo, besotes
CONSU